Corríamos por aquel angosto callejón en busca de algún escondite riéndonos e intentando no hacer ruido, cosa imposible. Al final dejamos de oír sus pasos pisándonos los talones y nos detuvimos a tomar aire antes de salir de allí.
Darren me miraba sonriente, una sonrisa que parecía que nadie podría borrar nunca. Pero yo sabia que no era así. El era un chico alto y esbelto, de pelo cobrizo y enredado. Tenia dos años más que y se le notaban. el era maduro y responsable, yo aún una niña. Nos conocíamos desde que tenia 4 años, fue un día que no recuerdo muy bien. Algunos niños se habían estado metiendo conmigo y el, que por aquel entonces tenia 7 años, vino a defenderme. Ningún niño de su edad habría echo eso, pero el siempre fue especial. decía que fue casualidad, el destino, pero no era así. nunca me contó por que me ayudó aquella tarde.
-Ingrid, venga, tenemos que irnos.
Giré la cabeza y empecé a caminar en su dirección. Nadie diría que tiene 16 años, la verdad. Sus rasgos faciales eran más bien de una persona de 13 años, pero eso no le molestaba. Le importaba bien poco todo lo que dijesen de el, y por eso le admiraba.
Estuvimos caminando un rato en silencio. Entonces dijo:
-¿Crees que se habrán cansado de buscarnos?
-Supongo, son estúpidos pero no creo que tanto. Habrán vuelto a casa cansados.
Empezamos a reírnos recordándolo. Me compadecía un poco de ellos, igual nos habíamos pasado, pero ya no tenia remedio, no valía la pena pensarlo mucho.
Al llegar a casa nos despedimos con un abrazo bastante largo y un hasta mañana. Solo necesitaba dormir.
Me tumbé en la cama y estuve pensando en todo y en nada al mismo tiempo